martes, 14 de junio de 2016

El principio de la Visión



Hace muchos años tuve la oportunidad de leer este capítulo del libro "El Lider" escrito por Jhon Edmund Haggai, y transformó completamente mi perspectiva de las cosas, al grado que ahora estamos con este gran proyecto llamado Universidad Y los Bendijo Dios. Desgraciadamente en la actualidad es imposible conseguirlo y es la razón por la cual creemos importante compartirlo en nuestro Blog, ya que el Dr. Haggai ha invertido toda su vida en formar líderes para transformar este mundo.  


En el año 1863, Abraham Lincoln firmó la Proclamación de la Emancipación que liberó a los esclavos en América del Norte, pero con todo y eso cien años después los negros, en los Estados Unidos, seguían siendo víctimas de la segregación.

En 1963, Martin Luther King expresó, en un discurso que dio junto al monumento a Lincoln, su visión para los Estados Unidos. "Ha llegado el momento de abrir las puertas de la oportunidad a todos los hijos de Dios", dijo. "Ahora es el momento indicado para elevar a nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial a la roca sólida de la hermandad:

"Hoy os digo, mis amigos, que a pesar de las dificultades y de las frustraciones del momento yo sigo teniendo un sueño. . . sueño que un día en las montañas rojizas de Georgía, los hijos de los que antes fueron esclavos y los hijos de los que antes fueron hijos de los dueños de esos esclavos podrán sentarse juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día hasta el estado de Mississippi, un estado desierto en el cual ahoga el calor de la injusticia y de la opresión, se transformará y será un oasis de libertad y justicia. Yo sueño que un día mis cuatro hijos pequeños vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por su manera de ser. Yo sueño... en aquel día en el cual todos los hijos de Dios, blancos y negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos, unirán sus manos y cantarán las palabras del antiguo espiritual: '¡Al fin libres! ¡Al fin libres! ¡Gracias a Dios todopoderoso, somos libres por fin!"
Let the Trumpet Sound: The Life of Martin Luther King, Jr (Que Suene la Trompeta: La Vida de Martin Luther King), Stephens B. Oates (New York:Harper & Row, 1982).

Sea cual fuere la opinión que puedan tener los críticos de King y su carácter personal, así como su conducta, nadie puede negar que tuvo una visión y que ejerció deliberadamente una influencia especial con el propósito de llevar al país en que vivía hacia la meta que supliese con estabilidad las auténticas necesidades de la nación. Logró expresar esa visión de una manera más clara y conmovedora que la mayoría de los dirigentes. Una visión tal y como la que tuvo Martin Luther King hace que un dirigente se destaque.
El liderazgo comienza cuando surge una visión. Dice en Proverbios 29:18: “Donde no hay visión,  el pueblo se extravía”. El verdadero significado de estas palabras es "sin una visión, el pueblo deja a un lado toda moderación". Cuando un grupo se encuentra bajo la dirección de una persona que no tiene visión, el resultado es la confusión, el desorden, una licencia desmedida y, lo que es peor aun, la anarquía.
El principio de la visión es la clave para comprender el liderazgo. Con una visión bien calculada, a la cual la persona se ha entregado por completo, dicha persona ha dado el primer paso hacia el liderazgo. Sin un compromiso a la visión, la persona no puede convertirse en un dirigente, sino que será una imitación pretendiendo ser lo que le gustaría ser en realidad.


COMPRENDER LO QUE ES UNA VISIÓN
Una visión es una imagen muy clara de lo que el dirigente espera que haga o sea su grupo. Una visión puede ser de salud donde hay enfermedad, como sucedió con el doctor Albert Schweitzer en el Africa; de conocimiento donde existe la ignorancia, cosa que motivó a Gilbert Tennent a fundar lo que es actualmente la Universidad de Princeton; de libertad donde hay opresión o de amor donde existe el odio. De esa imagen nítida, entonces, el dirigente planea de qué modo esa visión puede hacerse realidad.
En el año 1929, cuando John Sung regresó a su China nativa después de haber recibido su doctorado en filosofía de la Universidad de Ohio State, su padre, que era maestro y predicador, le dijo: "Muy bien, John, ahora con tu educación, puedes obtener un importante puesto como maestro y dar una educación a tus seis hermanos." Los hijos chinos obedecen siempre las órdenes directas de sus padres. Fue, por lo tanto, extraño que John dijese a su padre que no podía ocupar el cargo de maestro porque Dios le había llamado a evangelizar la China y el sureste de Asia. John tenía una visión del pueblo chino convirtiéndose en seguidores de Jesucristo y sentía que no disponía más que de quince años para cumplir con esa misión.

Durante los próximos quince años, John Sung llevó a cabo el trabajo de una docena de hombres. Y de hecho, falleció al final de esos quince años, en 1944. John Sung fue un hombre entregado por completo al cumplimiento de su visión. Eso explica su trabajo infatigable por llevarla a cabo. El Asia y el Pacífico Sur son diferentes en nuestros días gracias al ministerio que llevó a cabo John Sung. Todo ello comenzó con una visión convertida en una misión y realizada por unas metas bien definidas.

Mahatma Gandhi tuvo una visión de una India libre e independiente en un momento en que el país estaba siendo gobernado por los británicos. Henry Ford tuvo una visión de cada familia americana siendo dueña de su propio coche en un momento en que la mayoría de las personas se sentían asustadas por la nueva invención. Williairn Wilberforce tuvo una visión de la abolición de la esclavitud precisamente en un tiempo durante el cual los esclavos eran un comercio muy lucrativo para los británicos. Daniel K. Ludwig tuvo una visión de una región, en el corazón de las selvas del Brasil, que habría de convertirse en independiente gracias a su propia industria, en un tiempo en que no existía allí la industria, ni la electricidad, y no había ciudades de ninguna clase en cientos de kilómetros a la redonda. Mahatma Gandhi, Henry Ford, Willíam Wilberforce y Daniel Ludwig se entregaron de lleno a la imagen clara que tuvieron, viendo por adelantado lo que llegaría a ser o a hacer su grupo como resultado de la especial influencia que cada uno de ellos ejercería.
La visión del dirigente es diferente de la del científico que trabaja a solas. El éxito solitario del científico beneficia a otros, pero no requiere la participación directa de otras personas. Sin embargo, el dirigente trabaja por medio de otras personas.

No basta con tener una visión, es preciso que exista una entrega y el deseo de poner por obra esa visión. Eso es lo que se llama una misión. Al mismo tiempo es necesario que se sigan unos pasos determinados para hacer posible la realización de la misión. Esos pasos se llaman metas. Las metas diseñan el programa para llevar a cabo la misión y de ese modo es posible cumplir con la visión. Un dirigente tendrá una visión y una misión, pero muchas metas.

Dios me bendijo dándome la visión para mi vida, que es la evangelización del mundo, cuando yo no tenía más que diez años. Vi con toda claridad a gente que vivía en libertad y en paz, bajo el señorío de Jesucristo, cuando esa gente había vivido con anterioridad esclava de su pecado y de su odio. Me entregué de lleno al deseo de llevar a cabo esa visión y tenía una misión que cumplir. El poder llevar a cabo esa misión de por vida requería un programa compuesto de muchas metas, incluyendo el poder encontrar y mantener unos edificios en Singapur en los cuales pudiésemos tener el Instituto Haggai (metas físicas), leer tres libros por semana a fin de estar al corriente de las diversas culturas del mundo (metas mentales), entablar amistad con personas que pudiesen compartir una visión y mi visión (metas sociales), y conseguir los medios económicos para llevar adelante la obra del Señor por medio del Instituto (metas financieras).

Una misión es sencillamente el seguir la visión que ha tenido uno. Eso es algo claramente ilustrado por el Programa Apolo de los Estados Unidos.
En 1960, el presidente John Kennedy lanzó un desafió al pueblo americano por medio de su sueño de poder colocar a un americano en la luna por el año 1970. Eso fue una visión. Casi de inmediato, el gobierno lanzó un programa cuyo propósito era precisamente el conseguir que esa visión se hiciese realidad, la misión Apolo. El Presidente comunicó su visión al pueblo americano y el pueblo, a su vez, se entregó de lleno al cumplimiento de esa visión por medio de una misión. La misión hizo preciso que se elaborasen unas metas muy complejas que consistían de millones de metas individuales.

El relato bíblico de Nehemías, revela que tuvo una visión de una muralla reedificada, que rodease a Jerusalén. Nehemías se encontraba cautivo a 1.500 kilómetros de distancia de Jerusalén y era un siervo, el que llevaba la copa del rey Artajerjes de Persia. La santa ciudad de Jerusalén había sido cautivada y una gran parte de ella había sido destruida, pero a pesar de todo ello Nehemías tuvo una visión en la cual se reconstruía Jerusalén con poderosas murallas para la gloria de Dios. Su misión consistía en realizar la visión. A continuación apareció un elaborado sistema de metas que permitiría que la misión saliese adelante. El primer paso fue la oración. A continuación Nehemías presentó su caso al rey Artajerjes y luego ideó un plan para reconstruir las murallas y para vencer toda oposición. Nehemías es uno de los más excelentes ejemplos de la historia en lo que se refiere al liderazgo.

Una cosa es sentirse consumido por una visión de evangelismo mundial, es decir, imaginarnos a cada una de las personas del mundo escuchando el evangelio de una manera comprensible y culturalmente importante, pero más importante todavía es crear una misión cuyo propósito sea el realizar dicha visión. Y resulta una empresa más abrumadora todavía crear, bajo la dirección de Dios, el programa de metas necesario para lograr llevar a cabo esta misión y cumplir con la visión.

El dirigente acaricia su visión, pensando en ella todo el día y teniendo sueños acerca de ella por las noches. Entonces transfiere la visión al grupo. Tiene que motivarle para que éste quiera entregarse de lleno al cumplimiento de la misión que hará posible que la visión se haga realidad y al mismo tiempo para que se puedan cubrir las necesidades.
El estar constantemente pensando en la visión nos induce a la acción. Es algo que nos incita a dejar de lado toda complacencia. Como dijo el salmista: "Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mí meditación se encendió fuego, y así proferí con mi lengua" (Sal. 39:3).


COMPRENDER DE DONDE PROCEDE LA VISION
Cualquier visión que valga la pena procede de Dios, tanto si se trata de lo que llamamos asuntos "espirituales" como si no, y tanto si la persona que tiene la visión es cristiana y se da cuenta de dónde procede la visión o no. Las visiones que valen la pena son un don de Dios. Santiago dijo: "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación" (Stg. 1:17).

Nuestra tendencia es la de hacer que nuestra vida esté formada de diversos compartimentos, de tal modo que consideramos que Dios tiene influencia y es importante cuando se trata de visiones, misiones y metas espirituales, pero que tiene poco que ver en las visiones, misiones y metas "seculares". Pero Agustín dijo: "Que todo cristiano comprenda que dondequiera que se encuentra la verdad, pertenece al Maestro." Dios es el Dios de toda verdad. Y Dios es el origen de todas las visiones que valen la pena.

En los años 1774 y 1775, las colonias americanas comenzaron a considerar la posibilidad de independizarse de Inglaterra. La confusión y el rencor amenazaron con minar el propósito de la Convención Continental. A pesar de lo cual muchos de los participantes tuvieron una visión clara y la acreditaron a Dios. Benjamin Franklin le dijo a la Convención: "Estoy convencido de que la Providencia guía los asuntos de los hombres y nunca cae a tierra un gorrión sin que Dios asista a su entierro, y que todos los cabellos de nuestras cabezas están contados. No creo que ni un imperio ni una república puedan establecerse sin su ayuda y pido que usted, señor Presidente, comience esta convención con una oración para suplicar la dirección de Dios y su ayuda en el paso que nos disponemos a dar. 11 Los fundadores de los Estados Unidos compartieron una visión de libertad para las colonias, pero el actualizar esa visión requería una misión, realizada por un programa completo de metas. Ellos sabían que su visión procedía de Dios.

La visión que requiere un cambio que dará como resultado una beneficiosa estabilidad para el grupo es algo que procede de Dios, tanto si el líder lo reconoce como si no. Hace más de quinientos años, Dios le dio al rey Sejong una visión de un lenguaje mejor para su pueblo coreano. El rey Sejong actualizó su visión gracias a una misión llevada a cabo por un programa de metas que ofreció a los coreanos el primer alfabeto en el Oriente. No conocía al Dios de la Biblia ni a su Hijo Jesucristo, pero cumplió con éxito a pesar de todo ello la visión que le había dado Dios.

Dios gobierna sobre los asuntos de los hombres. El da la visión y la comprensión.
Algunas veces una visión puede tener como resultado una gran riqueza y en otras ocasiones puede traer como resultado una relativa pobreza, pero si es una visión que vale la pena, su origen está en Dios. Paul J. Meyer comenzó sin dinero. A los veinticinco años era millonario. Había construido la más grande agencia de seguros de todo el mundo. Su joven pastor, el doctor Bill Hinson, le desafió: "Paul, serás más feliz cuando ayudes a otros a que alcancen su mayor potencial." Paul captó esta visión de motivar a otros a fin de que alcanzasen su mayor potencial y dejó el negocio de los seguros. No parecía como si fuese a ganar tanto dinero como había ganado vendiendo seguros, pero no podía apagar la visión que Dios le había dado.

En la actualidad el Instituto para la Motivación al Éxito de Paul Meyer ha ayudado a miles de personas. Los dirigentes de setenta y cinco países dicen que el programa de Meyer ha sido el instrumento que ha abierto ante ellos un mundo de nuevas posibilidades. El programa de Meyer ha transformado a algunas personas que vivían de la beneficencia en dirigentes de corporaciones y en eruditos universitarios.

Resulta trágico que en tantísimas ocasiones los hijos de Dios permanezcan impasibles ante las oportunidades que les rodean. Se conforman con menos cuando Dios desea que dominen los escalones más elevados a fin de alcanzar lo mejor.

Para el cristiano, cualquier visión debe de comenzar con un entendimiento de Dios. Dios es perfecto, es inmutable y es eterno. Los dirigentes que desean parecerse a Cristo ven a Dios y reconocen que dependen de él. No hay ninguna persona que pueda entenderse a sí misma y al mundo que le rodea hasta que no esté clara su visión de Dios.

Una vez que han llegado a comprender a Dios, los dirigentes cristianos deben entenderse a sí mismos. Una evaluación adecuada de uno mismo es siempre anterior a cualquier cosa que logremos y que ofrezca una estabilidad beneficiosa. La persona que desee el liderazgo para Dios debe de hacer uso de ese potencial de la manera que Dios le indique.
Cuando el dirigente obtiene una visión de sí mismo, puede sentirse tentado, al igual que le sucedió a Isaías, a lamentarse diciendo: "¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos. . ." Puede sentir, como le sucedió a Moisés, que es inadecuado y eso no le hace apto para la labor, pero Dios puede realizar la labor por medio del pecador, aunque la persona no sea adecuada, si la persona tiene fe no en su propio poder, sino en el poder de Dios, del Dios que le dio la visión para comenzar. Es necesario tener fe a fin de acariciar y encariñarse con una visión, convirtiendo la visión en misión, llevándola a cabo con un programa adecuado de metas y movilizando a otros para que cumplan y suplan sus propias necesidades. El dirigente que se asemeja a Cristo no solamente debe tener una visión clara de Dios y de sí mismo, sino que debe, además, comprender las verdaderas necesidades de los demás. Su sensibilidad respecto a los demás siempre se enfoca gracias a la visión que Dios le ha dado. Sin una visión, la conciencia y la sensibilidad ante las necesidades de otros solamente le lleva a corromper su espíritu y a sembrar la confusión en su mente.


COMPRENDER POR QUÉ UNA VISIÓN ES IMPORTANTE
Sin una entrega sincera a una visión no es posible llegar a ser un dirigente. Puede que usted se encuentre en un puesto de liderazgo, tal vez sea un encargado, pero lo que separa a los verdaderos dirigentes de otros es la visión. Una visión es importante porque es el factor clave para obtener el éxito en el liderazgo.

La visión es lo fundamental y lo que apuntala todo liderazgo. Sin una visión, no habrá una misión adecuada. Sin una misión, no existe la posibilidad de preparar un programa de metas productivas. Sin un programa de metas, no hay liderazgo. Sin liderazgo, el mundo languidecerá en su pecado y en su sufrimiento, por ello el liderazgo comienza con una visión.

Un encargado puede presidir sobre el estatus quo, pero se precisa un líder para motivar a las gentes a que lleven a cabo los cambios que suplan sus verdaderas necesidades. Si bien el mundo actual tiene necesidad de encargados, la necesidad más desesperada que tiene es la de disponer de dirigentes. Y lo que hace que el dirigente se destaque por encima del encargado es que el encargado no hace nada por animar a que se produzcan los cambios, mientras que el líder demanda el cambio porque está guiando al grupo hacia unas metas que habrán de dar como resultado una estabilidad beneficiosa. Un dirigente tiene, por tanto, una visión.

La visión es importante porque es el fundamento de todo auténtico liderazgo. El significado del liderazgo de la persona dependerá de lo "grandiosa" que sea su visión. El Primer Ministro Lee Kuan Yew de Singapur tuvo una visión significativa que no solamente afectó a su propia nación, sino a todo el sureste de Asia. Su influencia se ha hecho sentir por todo el mundo. Un padre podrá tener una visión respecto de las metas educativas o espirituales de su familia que resulta menos significativa porque afecta a menos personas. Pero a pesar de ello, la visión no resulta menos significativa para esas personas. Mientras que la importancia que tiene la visión de un dirigente depende de su grandeza, la efectividad del liderazgo de una persona dependerá de lo bien que seda llevar al grupo hacia el cumplimiento de su visión y sus 'verdaderas necesidades.

ENTENDER QUIÉN DEBE CAPTAR LA VISIÓN
Tanto el dirigente como sus seguidores deben captar la visión.
El liderazgo comienza con una visión por parte del líder, pero a fin de que los seguidores confíen en la dirección del líder, también ellos deben comprender la visión. Por lo tanto, la mayor responsabilidad del líder es comunicar de manera efectiva su visión al grupo.
Debe exponer con toda claridad la definición y las dimensiones de la visión a sus seguidores.
La comprensión que tenga el dirigente de la visión empieza con una idea clara no solamente de su propia visión, sino de su potencial bajo la dirección de Dios. Debe saber que Dios le creó para ser alguien, y entonces debe cumplir la visión que Dios le ha dado
- El apóstol Pablo dijo: "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea Perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús" (Fil. 3:12). Pablo era plenamente consciente de sus imperfecciones; pero, a pesar de ello, seguía adelante para llevar a cabo su misión, porque sabía que "todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4:13).

Peter Daniels de Adelaide, Australia, ayuda a las personas a realizarse plenamente bajo la dirección de Dios. El mismo ha demostrado el potencial que posee toda persona. Cuando se convirtió en seguidor de Jesucristo, a la edad de veintiséis años, no sabía ni leer ni escribir. Era un hombre profano, estaba en la bancarrota y era beligerante. Había ido de un hogar destrozado a otro. Dios le salvó y Peter captó una visión de sus posibilidades y sigue creciendo con una consistencia inquebrantable.

En la actualidad Peter Daniels es un hombre rico, culto, de influencia y es uno de los más destacados oradores de Australia. Ha dedicado su riqueza a la expansión del reino de Dios. Ha utilizado su influencia en su servicio, por medio de cuatro juntas internacionales. Peter Daniels hace cuatro preguntas a aquellas personas que desean encontrar el significado a sus vidas:

  • ¿Qué edad es la que usted ha establecido como meta para alcanzar su pleno potencial de modo que Dios pueda llevar su vida al máximo?
  • Dígame en cincuenta páginas o más cuál es su pleno potencial en todos los aspectos de su vida. (Daniels requiere por lo menos cincuenta páginas. De lo contrario, cualquiera podría escribir unas cuantas palabras, dice Daniels, que resultaban "frívolas". El obligar a las personas a escribir por lo menos cincuenta páginas les lleva a considerar la sinceridad de su empresa.)
  • Aceptando su potencial como de un ciento por ciento, ¿cuál es el porcentaje que calcula usted haber alcanzado actualmente?
  • Aceptando la diferencia que existe entre los dos tantos, ¿qué plan ha tramado usted para salvar la diferencia y cuándo llevará a cabo ese plan?

El responder a estas cuatro preguntas nada más podría llevar casi todo un día, pero cuando la persona contesta totalmente y con sinceridad, emerge una imagen clara de la situación. Las cuatro preguntas que hace Peter Daniels tienen el propósito de desarrollar lo que yo llamo "la insatisfacción inspiradora".. Estas preguntas sirven para sacar a la luz la diferencia entre dónde podría estar usted, si estuviese viviendo con todo su potencial, y dónde se encuentra en la actualidad y lo que debe usted hacer a fin de alcanzar su pleno potencial. Sin que exista la insatisfacción inspiradora, la persona haría las paces con el estatus quo, no viendo necesidad de un cambio, no captando la visión de un crecimiento y, por ello, no podría dar un paso en fe. La insatisfacción inspiradora es un paso esencial para captar la visión.

La insatisfacción inspiradora es diferente de esa otra insatisfacción malhumorada, meditabunda y cínica que nos obliga a encerrarnos en nuestro propio caparazón o, por otro lado, criticar de manera agresiva las supuestas razones que causan su insatisfacción. La insatisfacción inspiradora es la que lleva a la persona a conseguir grandes cosas. La insatisfacción desalentada paraliza la acción, corroe el espíritu y destroza la vida.

Echemos un vistazo de nuevo al caso de Nehemías. La insatisfacción inspirada precedió a su visión y a su liderazgo. La muralla de Jerusalén estaba rota, las puertas se habían quemado y los viajeros hablaban acerca de la aflicción y del reproche del pueblo de Dios. Nehemías se sentó y se echó a llorar, hizo ayuno y oró. Confesó sus propios pecados y el pecado de su pueblo. Repasó las promesas que Dios había hecho y pidió al rey que le permitiese ausentarse y le concediese cartas de referencia, en preparación para su regreso a Jerusalén con el propósito de edificar de nuevo la muralla.

Durante tres noches Nehemías estuvo andando alrededor de las ruinas de Jerusalén, observando en silencio. Un estudio de la obra de reconstrucción de Nehemías provee la biografía ideal de un dirigente con una visión que ve la necesidad, se entrega de lleno a su misión y la lleva a cabo, avanzando de modo que pueda alcanzar su máximo rendimiento.
El dirigente debe comprender lo que significa su potencial, viendo con claridad la visión que tiene para su grupo. Entonces los seguidores deben captar la visión que Dios le ha dado a su líder en lo que se refiere a algún proyecto grandioso. Nehemías no reconstruyó la muralla de Jerusalén él solo, sino que otros también lograron captar esa visión.
En una visión que le había sido dada por Dios, el apóstol Pedro se enteró de que el evangelio era tanto para los gentiles como para los judíos. Bajo el liderazgo del Espíritu Santo, tuvo que "comunicar" esa visión a sus colegas.

Dwight L. Moody tuvo una visión de edificar un Instituto Bíblico que enseñase a laicos para que fuesen efectivos en la evangelización. Era un concepto totalmente nuevo. Dios le dio a Moody, el evangelista que antes había sido hombre de negocios, la visión. Entonces él tuvo que encender la llama de manera que otros pudiesen captar la visión y entregarse de lleno a la misión.

Dios le dio al doctor Han Kyung Chik una visión de una iglesia en Seúl, Corea, al final de la Segunda Guerra Mundial. Al principio solamente otras veintisiete personas, todas ellas refugiadas, compartieron su visión. Actualmente, la iglesia tiene 60.000 miembros, habiendo sido edificada no por una sola persona, sino por muchos seguidores que captaron la visión que tuvo el doctor Han.

Una visión genera la dirección, el orden y la devoción. Es algo que vence la falta de propósito, el caos y el desenfreno. El liderazgo capta la voluntad de Dios, mostrándola con claridad al grupo y entonces le motiva para que actúe conforme a su voluntad. La más grande visión del dirigente es la que participa de la voluntad de Dios para la evangelización mundial y explica al grupo cómo se la puede llevar a cabo.


COMPRENDER QUÉ HACER CON LA VISION
Ahora puede usted comprender lo que es una visión, de dónde procede y por qué la visión es importante para el dirigente y, además, quién debe captar la visión. ¿Qué se hace con una visión? La respuesta evidente es: la persona debe entregarse de lleno y actuar conforme a la visión (esa entrega se llama una misión) y luego diseñar un programa de metas para realizar la misión y de ese modo, llevar a cabo la visión.

Ese compromiso incluye una determinación a vencer las dificultades y eliminar los obstáculos.

Un líder deshonra a Dios cuando profesa una visión y cuando surgen las dificultades y los enemigos atacan, se queja: "Puede que Dios no quiera esto o de lo contrario, no nos enfrentaríamos con tantas dificultades." Por el contrario el dirigente se entrega de lleno a su visión.

La importancia de ese compromiso que ha contraído se ve de modo más dramático cuando la visión parece menos lógica. En 1929, Wffl H. Houghton, pastor del Tabernáculo Bautista de Atlanta, Georgia, con un total de 4.000 miembros, estaba visitando Europa con su esposa y su suegra. A medio camino del itinerario planeado, Houghton sintió la obligación de volver a los Estados Unidos de inmediato. No sabía por qué, pero lo que sí sabía era que Dios le estaba dirigiendo para que regresase.

Dejó que su esposa y su suegra concluyesen el viaje, mientras tomaba un barco rápido a Nueva York. Llegó el miércoles a tiempo para asistir al servicio de oración, en el templo de la Iglesia Bautista Calvario, que se encuentra justo enfrente del famoso Carnegie Hall, mundialmente conocido.

El pastor, John Roach Straton, acababa de ponerse muy enfermo, y le pidieron a Houghton que ocupase el púlpito temporalmente. Regresó a la Iglesia Bautista Calvario en enero de 1930, predicando en una ciudad que con frecuencia había recibido el nombre del "cementerio de los predicadores". Straton falleció en octubre de 1930 Y Houghton aceptó la invitación de pastorear la iglesia y fue uno de los pocos predicadores que tuvo éxito en la ciudad de Nueva York.

Desde el púlpito, altamente visible, de Calvario, Houghton llamó la atención de james M. Gray, el presidente del Instituto Bíblico Moody, de ochenta y ocho años de edad- Gray llegó a la convicción de que Houghton debía de seguirle como presidente e informó de esta convicción a la junta Administrativa. Houghton sirvió como presidente del Instituto Bíblico Moody hasta 1946. Si Houghton hubiese hecho caso omiso de su visión, resulta bastante irnprobable que hubiese alcanzado el máximo de su potencial. Sin embargo, gracias a su sensibilidad, ocupó un puesto de liderazgo donde produjo un impacto que habría de cambiar el mundo sobre las vidas de millones de personas para gloria de Dios.

Los dirigentes utilizados por Dios, responden a la visión que él les da.

  • Dios le dio a Noé la visión del arca y Noé la construyó.
  • Dios dio a Abraham, la visión de una ciudad y él la buscó.
  • Dios le dio a Nehemías, la visión de una muralla y la construyó.
  • Dios dio al apóstol Pablo, la visión de la evangelización de todo el mundo y el Apóstol cubrió la tierra con el mensaje de Cristo.
  • Dios le dio a David Livingstone una visión de Africa, y él abrió el camino a miles de misioneros para que predicasen el evangelio.
  • Dios le dio una visión a John Sung, la de la evangelización en el este del Asía, y esto cambió el estado espiritual de cada una de las naciones que visitó.
Si Dios ha puesto un deseo en su corazón, acepte la presencia de ese deseo como juramento de él de que usted puede llevarlo a cabo y entréguese de lleno a realizar la visión. Si no cumple usted con ello, podrá estancarse en su vida personal, su espíritu se sentirá conturbado y adoptará una actitud crítica. Una visión dada por Dios es una tremenda responsabilidad. El cumplimiento de ella puede llevarle a unas alturas fantásticas en su servicio a Dios y a sus semejantes. El no cumplir con esa visión, además, privará a otros del liderazgo que precisan.


LA IMPORTANCIA DE LA SOLEDAD
No es posible contemplar una visión cuando ciegan nuestros ojos las luces artificiales de los Broadways, de los teatros y de las oficinas comerciales del mundo, de la misma manera que no es posible ver las estrellas por la noche si nos encontramos en el Times Square, de Nueva York, en el Ginza, de Tokyo o en el Picadilly Circus, de Londres.

Resulta mucho más factible que discierna usted una visión en los pasillos del claustro de la soledad que entre las multitudes ruidosas de la selva de asfalto de la metrópolis. Tal vez en la catedral de los árboles, bajo el silencio de las estrellas, o junto al murmullo del mar, le resulte más fácil contemplar la auténtica luz y escuchar una voz queda".

En el año 1964 realicé una visita al oeste de Asia. Me puse en contacto con dirigentes cristianos que me dieron una sacudida al decirme que el enfoque tradicional de las misiones estaba tocando a su fin en muchas de las naciones del Tercer Mundo. Doy gracias a Dios por las misiones tradicionales, dominadas por el Occidente, porque fue precisamente gracias a ellas que mi padre obtuvo su fe en Jesucristo. Sin embargo, de la misma manera que el colonialismo trajo muchas bendiciones, sin que sea ya viable, sucede que el antiguo enfoque de las misiones ya no es realista en la mayoría de las naciones del Tercer Mundo.

Poco después de realizar esa visita, en la isla de Bali, en Indonesia, comencé a sentir un profundo interés en mi corazón, y le dije a mis tres compañeros de viaje que yo iba a estar bastante tiempo "fuera de circulación". Ellos lo entendieron y cooperaron conmigo. No salí de mi habitación. En una absoluta soledad, la visión de los dirigentes cristianos del Tercer Mundo, tanto los que pertenecían al clero como los laicos, evangelizando a su propio pueblo, apareció en mi mente como si hubiese sido una pantalla sobre la cual se hubiese proyectado una película en multicolor. Escribí todo lo deprisa que pude, a veces atropellando mis pensamientos a mayor velocidad que mis palabras. El credo que escribí rápidamente, de manera informal, sigue siendo en la actualidad la filosofía básica para la evangelización del mundo sobre la cual funciona el Instituto Haggai.

Durante los próximos doce meses, Jerry Beavan y Tom Haggai presentaron sugerencias incisivas y específicas, respecto a la mejor manera de llevar a cabo la misión. Emest Watson, de Australia, Max Atienza, de las Filipinas, Han Kyung Chik, de Corea, Chandu Ray, del Pakístán y Singapur, Ah Tua Teo, de Singapur, George Samuel, de India y muchos otros contribuyeron a que la visión se hiciese una realidad.

Pero, ¡todo ello comenzó en el santuario de la soledad! Si yo me hubiese pasado la vida rodeado de gente, socializando, no existiría el Instituto Haggai. La visión procedió de Dios. Fue algo que planeé en la soledad.

Hace años dijo un famoso antropólogo: "La mente occidental dice: 'No te limites a quedarte ahí pasmado, haz algo.' De manera que nosotros del Occidente estamos orientados a la acción. La mente oriental dice: 'No hagas nada, estate ahí.' De modo que la mentalidad oriental está más en consonancia con la contemplación que con la acción."

Estas diferencias que existen entre el Oriente y el Occidente están siendo modificadas hasta cierto punto ya que el Oriente se dedica más a la acción y el Occidente reconoce el valor que tiene la contemplación. Es necesario prepararse para una acción efectiva pensando en ella con claridad, y la mejor manera de pensar es a solas.

El finado Cecil B. Day, creador y fundador de los hoteles de lujo Day's Inn, de los Estados Unidos, se complacía en buscar la soledad en su "casita" en la Playa de Tybee, en Savannah, Georgia. En ocasiones iba allí con el propósito de ayunar y orar. Cuando los problemas agobiantes de la Casa Central de la compañía Day se hacían insoportables, Cecd se iba a Tybee. Caminaba a lo largo de la playa para pensar y orar, mientras las olas suaves limpiaban su mente de toda la tensión que empañaba la claridad de sus pensamientos. Le encantaba el barullo del edificio de la casa central en Atlanta, pero no le era posible pensar de manera creativa en el ambiente de un comercio incesante. Después de caminar por las playas desiertas, regresaba a la ciudad con más energía y más creatividad.

La visión de la cadena de hoteles de Day fue algo que surgió en medio de la soledad. En el año 1970, a las dos de la madrugada de un cierto día, se despertó, cogió un cuaderno de notas, con sus hojas amarillas, y comenzó a escribir. Durante catorce horas estuvo apuntando los pensamientos que le venían a la mente. Cuando acabó, tenía la idea general de lo que son en la actualidad los moteles de lujo, de presupuesto económico, Day's Inn. "Las ideas estaban muy por encima de mi capacidad", informó Cecil más adelante. "Fue el liderazgo de Dios en cuanto a una idea que ha recibido el nombre de 'el volkswagen de los moteles'."

Es posible que podamos crearnos nuestro propio ambiente de soledad, incluso cuando nos vemos rodeados por las multitudes, pero no debemos de caer en la trampa de eliminar la soledad ocasional en lugares tranquilos, donde nada nos distraiga, debido a que seamos capaces de crearnos nuestro propio medio tranquilo a pesar del ruido que pueda rodearnos.

En ocasiones, el dirigente se ve obligado a tomar una decisión inmediata, sin disfrutar del beneficio de la reflexión y deliberación anterior. Es en ocasiones como éstas cuando el poder de la soledad voluntaria le permite pensar, marcar el rumbo y determinar el plan de acción... para beneficio del grupo.

En Panamá, donde estaba llevando a cabo una cruzada evangelizadora hace muchos años, una señora me llamó por mi nombre cuando cruzaba una concurrida calle y me dijo:
-Imagínese que esta tarde, a las tres, tuviese usted que enfrentarse con una decisión inevitable que implicaría a miles de vidas inocentes y millones de dólares pertenecientes a otras personas, y solamente dispusiese usted de dos minutos para tomar la decisión, ¿qué haría usted?- Seguiría lo que me pareciese más indicado.
Estupefacta, me dijo:
-¿Quiere usted decir que no oraría al respecto?
-Señora mía, usted me ha dado dos minutos nada más. Será preciso cada segundo de esos dos minutos para que me entere de los datos más importantes.
-Pero yo creí que usted oraría.
-Y lo he hecho. Esta mañana dediqué un tiempo a estar a solas con el Señor, entregándole mi día a él. Y Él, que distingue muy bien el principio del final y para el cual no existe pasado, presente ni futuro, ya me ha preparado. Por lo tanto, estoy perfectamente convencido de que en dicha situación, lo que a mí mejor me pareciese seria una expresión de su voluntad.
Es precisamente en una situación como la que me presentó esta señora en Panamá, cuando la soledad en medio del bullicio que nos rodea es imprescindible.

Pero tanto si el dirigente ha captado la visión en un precioso lugar solitario como si lo ha hecho encerrándose en si mismo, alejándose de ese modo de todo cuanto le rodea, debe ser su propósito el llevar a cabo la visión, o de lo contrario, su influencia no le llevará a ninguna parte.

El dirigente que desee ser como Cristo debe preguntarse continuamente a sí mismo: (1) ¿Podrá esta visión producir resultados de beneficiosa estabilidad? y (2) ¿Podrá la visión guiar a las personas hacia unas metas que suplan sus auténticas necesidades?
Para el dirigente que se asemeja a Cristo, una visión es una revelación de la voluntad de Dios. El líder capta el desafío de la visión, se entrega de lleno a la misión y pone en práctica las metas que le permitirán llevar a cabo la misión y realizar la visión.
Pero todo ello comienza con una visión: el fundamento del liderazgo.
Tomado con permiso del libro "Liderazgo que perdura en un mundo que cambia"

Autor: John Haggai

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